martes, 23 de octubre de 2012

Doctrina y Vida Domingo 28 Octubre 2012

CONOCER Y AMAR A JESUCRISTO
Las victorias del amor de Dios 
Sin perder la paz: tranquilos. Con amor, con fe, con esperanza, sin olvidar jamás que, si conviene, el Señor multiplicará los milagros. 

Os recuerdo que si sois sinceros, si os mostráis como sois, si os endiosáis, a base de humildad, no de soberbia, vosotros y yo permaneceremos seguros en cualquier ambiente: podremos hablar siempre de victorias, y nos llamaremos vencedores. Con esas íntimas victorias del amor de Dios, que traen la serenidad, la felicidad del alma, la comprensión.

La humildad nos empujará a que llevemos a cabo grandes labores; pero a condición de que no perdamos de vista la conciencia de nuestra poquedad, con un convencimiento de nuestra pobre indigencia que crezca cada día. 

Admite sin vacilaciones que eres un servidor obligado a realizar un gran número de servicios. No te pavonees por ser llamado hijo de Dios -reconozcamos la gracia, pero no olvidemos nuestra naturaleza-; no te engrías si has servido bien, porque has cumplido lo que tenías que hacer. El sol efectúa su tarea, la luna obedece; los ángeles desempeñan su cometido. El instrumento escogido por el Señor para los gentiles, dice: yo no merezco el nombre de Apóstol, porque he perseguido la Iglesia de Dios (1 Cor XV, 9)... Tampoco nosotros pretendamos ser alabados por nosotros mismos: por nuestros méritos, siempre mezquinos. (Amigos de Dios, n. 105-106)

PRACTICAS DE VIDA CRISTIANA 
Rezo y contemplación de los misterios del Rosario.

María modelo de contemplación
(¿Cómo sería la mirada de la Virgen María?) otras veces será una mirada dolorida, sobre todo bajo la cruz, donde todavía será, en cierto sentido, la mirada de la 'parturienta', ya que María no se limitará a compartir la pasión y la muerte del Unigénito, sino que acogerá al nuevo hijo en el discípulo predilecto confiado a Ella (cf. Jn 19, 26-27)
(Beato Juan Pablo II , 16-X-2002, Carta Rosario de la Virgen María, n. 10)

Misterios dolorosos
4o. Jesús con la Cruz a cuestas
                Con su Cruz a cuestas marcha hacia el Calvario, lugar que en hebreo se llama Gólgota. (Joann., XIX, 17.) -Y echan mano de un tal Simón, natural de Cirene, que viene de una granja, y le cargan la Cruz para que la lleve en pos de Jesús. (Luc., XXIII, 26.)
        Se ha cumplido aquello de Isaías (LIII, 12): cum sceleratis reputatus est, fue contado entre los malhechores: porque llevaron para hacerlos morir con El a otros dos, que eran ladrones. (Luc., XXIII, 32.)
        Si alguno quiere venir tras de mí... Niño amigo: estamos tristes, viviendo la Pasión de Nuestro Señor Jesús. -Mira con qué amor se abraza a la Cruz. -Aprende de El. -Jesús lleva Cruz por ti: tú, llévala por Jesús.
        Pero no lleves la Cruz arrastrando... Llévala a plomo, porque tu Cruz, así llevada, no será una Cruz cualquiera: será... la Santa Cruz. No te resignes con la Cruz. Resignación es palabra poco generosa. Quiere la Cruz. Cuando de verdad la quieras, tu Cruz será... una Cruz, sin Cruz.
        Y de seguro, como El, encontrarás a María en el camino.
(San Josemaría, del libro Santo Rosario)  


ASUNTOS DE ACTUALIDAD
- Me parece tan bien tu devoción por los primeros cristianos, que haré lo posible por fomentarla (cfr. Camino 971).

- Procura conocer e imitar la vida de los discípulos de Jesús, que trataron a Pedro y a Pablo y a Juan, y casi fueron testigos de la Muerte y Resurrección del Maestro. (cfr. Camino, 925)

- Ellos vivían a fondo su vocación cristiana; buscaban seriamente la perfección a la que estaban llamados por el hecho, sencillo y sublime del Bautismo. (Conversaciones, 24)

¿Qué pedía el Beato Juan Pablo II a los cristianos del tercer milenio?
Tener conciencia de la llamada personal a la santidad. Hoy, más que nunca, es una urgencia. 
Es un compromiso que afecta  «Todos los cristianos, de cualquier clase o condición» (Novo Millennio Ineunte, n 30)

¿Y Benedicto XVI qué pide a  todos los creyentes de hoy?
Que como los de los primeros siglos tengan la aspiración a confesar la fe con plenitud y renovada convicción, con confianza y esperanza. (Porta Fide, n. 9).
Sin olvidar que profesar con la boca indica, a su vez, que la fe implica un testimonio y un compromiso público. (PF n. 10)
Una oración para pedir entender y vivir como los primeros cristianos con la ayuda del “santo de lo ordinario”:

Oh Dios, que por mediación de la Santísima Virgen María otorgaste a San Josemaría, sacerdote, gracias innumerables, escogiéndole como instrumento fidelísimo para fundar el Opus Dei, camino  de santificación en el trabajo profesional y en el cumplimiento de los deberes ordinarios del cristiano: haz que yo sepa también convertir todos los momentos y circunstancias de mi vida en ocasión de amarte y de servir con alegría y con sencillez a la Iglesia, al Romano Pontífice y a las almas, iluminando los caminos de la tierra con la luminaria de la fe y del amor. Concédeme por intercesión de San Josemaría el favor que te pido… (pídase). Así sea. Padrenuestro, Avemaría y Gloria. 


OCTUBRE 2012-NOVIEMBRE 2013: EL AÑO DE LA FE
En qué consiste la nueva evangelización (1)


¿Qué significa evangelizar?
Dar a conocer a Jesucristo –Evangelio viviente– con el ejemplo y con las palabras.
Ojalá fuera tal tu compostura y tu conversación que todos pudieran decir al verte o al oírte hablar: éste lee la vida de Jesucristo. (Camino, n. 2)

¿Cuál es la misión de un cristiano en el mundo de hoy?
Mostrar con su vida y demostrar con palabras que Cristo vive, que es el mismo ayer, hoy y siempre (Hebreos, 13, 8).
Y que Dios nos trae esa felicidad si respondemos al plan de salvación conseguido por la Vida, Muerte y Resurrección de Cristo.

¿Qué enseñanza básica dar?
Más que teorías abstractas, hay que hablar de manera directa y narrativa de Jesucristo.
Decir sus palabras, contar lo que hizo y dijo como lo que es: algo vivo. Explicar el cristianismo desde la boca del Señor.

¿Qué dificultades hay ahora?
Antes las raíces cristianas estaban más arraigadas: se conocían los mandamientos, lo bueno y lo malo.
Hoy existe un plan para difundir una señalización falsa del bien y de la verdad por todos los medios. Y provocar malos hábitos de conducta.
La gente tiende a no pensar y a funcionar por lo que “me provoca” y según el modelo dictado sutilmente por “la mayoría” como una necesidad.

¿Qué elementos hay a favor?
Entre otros: la aspiración humana a la felicidad que nadie puede negar y al que nadie se puede oponer, el deseo de una vida plena y completa 
Las bienaventuranzas de Jesús liberan el concepto de felicidad de toda banalidad, le dan su verdadera profundidad. (Benedicto XVI).
Muchas ideas y textos son del Profesor Pedro Rodríguez en www.primeroscristianos.com









Textos Misa 28 octubre 2012

XXX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (ciclo B)
28 DE OCTUBRE 2012                                  

JESUS, TEN MISERICORDIA DE MÍ                       
(Tomado de Hablar con Dios)

Bartimeo vive en la oscuridad, pero siente ansias de luz, de claridad, de curación, y comprendió que aquella era su oportunidad. 
Jesús estaba muy cerca de su vida. ¡Cuántos días había esperado aquel momento! ¡El Maestro está ahora al alcance de su voz! Por eso, aunque muchos le reprendían para que callase, él no les hace el menor caso y gritaba mucho más fuerte.

Cristo está siempre al alcance de nuestra voz, de nuestra oración. A Jesús hemos de gritarle muchas veces: ¡Jesús, hijo de David, ten misericordia de mí! Gritarle, afirma San Agustín, con la oración y con las obras. 

Las buenas obras, en especial la caridad, el trabajo bien hecho, la limpieza del alma en una Confesión contrita de nuestros pecados.
Su misma ceguera y pobreza fueron el motivo de su encuentro con Jesús, que compensó ampliamente todos sus anteriores pesares.
Nuestras dolencias y oscuridad quizá, pueden ser ocasión de  otro encuentro con Jesús, de seguirle de un modo nuevo -más humildes, más purificados- por el camino de la vida, de  caminar más cerca de Él. 
Entonces, podremos decir a muchos de parte del Señor: ¡Ánimo!, levántate, te llama... a ti también.

Antífona de entrada (Sal 104,3-4)
Que se alegren los que buscan al Señor. Recurrid al Señor y a su poder, buscad continuamente su rostro.

Oración colecta
Dios todopoderoso y eterno, aumenta  nuestra fe, esperanza y caridad, y, para conseguir tus promesas, concédenos amar tus preceptos.  Por  nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Ciegos y cojos: los guiaré entre consuelos.
Lectura del libro del profeta Jeremías (31, 7-9)
Esto dice el Señor: “Griten de alegría por Jacob, regocíjense por el mejor de los pueblos; proclamen, alaben y digan: `El Señor ha salvado a su pueblo, al grupo de los sobrevivientes de Israel'. He aquí que yo los hago volver del país del norte y los congrego desde los confines de la tierra. Entre ellos vienen el ciego y el cojo, la mujer encinta y la que acaba de dar a luz. Retorna una gran multitud; vienen llorando, pero yo  los consolaré y los guiaré; los llevaré a torrentes de agua por un camino llano en el que no trope-zarán. Porque yo soy para Israel un padre y Efraín es mi primogénito. 
(Palabra de Dios –Te alabamos Señor)

Salmo Responsorial (Salmo 125)
V/. Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor.
R/. Grandes cosas has hecho...
Cuando el Señor nos hizo volver del cautiverio, creíamos soñar; entonces no cesaba de  reír nuestra boca ni se cansaba entonces la lengua de cantar.
R/. Grandes cosas has hecho...
Aun los mismos paganos con asombro decían: “¡Grandes cosas ha hecho por ellos el  Señor!” Y estábamos alegres, pues ha hecho grandes cosas por su pueblo el Señor.
R/. Grandes cosas has hecho...
Como cambian los ríos la suerte del desierto, cambia también ahora nuestra suerte, Señor,  y entre gritos de júbilo cosecharán aquellos que siembran con dolor.
R/. Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor.
Al ir, iban llorando, cargando la semilla; al regresar, cantando vendrán con sus gavillas.
R/. Grandes cosas has hecho ...

SEGUNDA LECTURA
Tú eres sacerdote eterno según el orden de Melquisedec.
Lectura de la carta a los hebreos (5, 1-6)
Hermanos: Todo sumo sacerdote es un hombre escogido entre los hombres y está  constituido para intervenir en favor de ellos ante Dios, para ofrecer dones y sacrificios por los pecados. El puede comprender a los ignorantes y extraviados, ya que él mismo  está envuelto en debilidades. Por eso, así como debe ofrecer sacrificios por los pecados  del pueblo, debe ofrecerlos también por los suyos propios. Nadie puede apropiarse ese honor, sino sólo aquel que es llamado por Dios, como lo fue Aarón. De igual manera,  Cristo no se confirió a sí mismo la dignidad de sumo sacerdote; se la otorgó quien le  había dicho: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy. O como dice otro pasaje de la  Escritura: Tú eres sacerdote eterno, como Melquisedec.
(Palabra de Dios –Te alabamos Señor)

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO   
Aleluya, aleluya.
Jesucristo, nuestro salvador, ha vencido a la muerte y ha hecho resplandecer la vida por  medio del Evangelio. Aleluya

EVANGELIO
Maestro, que yo pueda ver.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos (10, 46-52)
En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó en compañía de sus discípulos y de mucha gente,  un ciego, llamado Bartimeo, se hallaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al  oír que el que pasaba era Jesús Nazareno, comenzó a gritar: “¡Jesús, hijo de David, ten  compasión de mí!” Muchos lo reprendían para que se callara, pero él seguía gritando  todavía más fuerte: “¡Hijo de David, ten compasión de mí!”. Jesús se detuvo entonces y  dijo: Llámenlo. Y llamaron al ciego, diciéndole: "¡Animo! Levántate, porque él te  llama". El ciego tiró su manto; de un salto se puso en pie y se acercó a Jesús. Entonces le  dijo Jesús: "¿Qué quieres que haga por ti?” El ciego le contestó: “Maestro, que pueda  ver”. Jesús le dijo: "Vete; tu fe te ha salvado". Al momento recobró la vista y comenzó a  seguirlo por el camino.
(Palabra del Señor –Gloria a ti Señor Jesús)

Oración sobre las ofrendas 
Vuelve tu mirada, Señor, sobre las ofrendas que te presentamos, para que nuestra celebración sea para tu gloria y tu alabanza. Por Jesucristo nuestro Señor.

Antífona de comunión  (Sal 19, 6)
Que podamos celebrar tu victoria y en el nombre de nuestro Dios alzar estandartes.

Oración después de la comunión
Lleva a su término en nosotros, Señor, lo que significan estos sacramentos,  para que un día poseamos plenamente cuanto celebramos ahora en estos ritos sagrados. Por Jesucristo nuestro Señor. 





lunes, 22 de octubre de 2012

EL PROGRAMA DE TU VIDA (Beato Juan Pablo II)




Joven, el programa de tu vida se encierra en un SI y en un NO

No al egoísmo;
No a la injusticia;
No al placer sin reglas morales;
No a la desesperanza;
No al odio y a la violencia;
No a los caminos sin Dios;
No a la irresponsabilidad y a la mediocridad

a Dios, a Jesucristo, a la Iglesia;
a la fe  al compromiso que ella encierra;
al respeto de la dignidad, de la libertad y de los derechos de las personas;
al esfuerzo por elevar al hombre y llevarlo hasta Dios;
Sí a la justicia, al amor, a la paz;
a la solidaridad con todos, especialmente con los más necesitados;
a la esperanza;
a vuestro deber de construir una sociedad mejor.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Una guía para la confesión Sacramental

 La Confesión
Sacramental


Preparación para la Confesión

El Sacramento de la penitencia y de la
Reconciliación en palabras del Catecismo de la Iglesia Católica (nn 1486 y sig.)

El perdón de los pecados cometidos después del Bautismo es concedido por un sacramento propio llamado sacramento de la conversión, de la confesión, de la penitencia o de la reconciliación.
A los ojos de la fe, ningún mal es más grave que el pecado y nada tiene peores consecuencias para los pecadores mismos, para la Iglesia y para el mundo entero.
Volver a la comunión con Dios, después de haberla perdido por el pecado, es un movimiento que nace de la gracia de Dios, rico en misericordia y deseoso de la salvación de los hombres. Es preciso pedir este don precioso para sí mismo y para los demás.
El movimiento de retorno a Dios, llamado conversión y arrepentimiento, implica un dolor y una aversión respecto a los pecados cometidos, y el propósito firme de no volver a pecar. La conversión, por tanto, mira al pasado y al futuro: se nutre de la esperanza en la misericordia divina.

El sacramento de la Penitencia está constituido por el conjunto de tres actos realizados por el penitente, y por la absolución del sacerdote.
 
  Los actos del penitente son: el arrepentimiento, la confesión o manifestación de los pecados al sacerdote y el propósito de realizar la reparación y las obras de penitencia.
  El arrepentimiento (llamado también contrición) debe estar inspirado en motivaciones que brotan de la fe.
  El que quiere obtener la reconciliación con Dios y con !a Iglesia debe confesar al sacerdote todos los pecados graves que no ha confesado aún y de los que se acuerda tras examinar cuidadosamente su conciencia.
  La confesión individual e integra de los pecados graves seguida de la absolución es el único medio ordinario de reconciliación con Dios y con la Iglesia.


La fórmula de la absolución que pronuncia el sacerdote en nombre de Jesucristo es la siguiente:

Dios, Padre misericordioso, que reconcilió consigo al mundo por la muerte y la resurrección de su Hijo, y derramó el Espíritu Santo para la remisión de los pecados, te conceda, por el ministerio de la Iglesia, el perdón y la paz. Y yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Breve examen de Conciencia
   «El acto llamado examen de conciencia debe ser siempre no una ansiosa introspección psicológica, sino la confrontación sincera y serena con la ley moral interior, con las normas evangélicas propuestas por la Iglesia, con el mismo Cristo Jesús, que es para nosotros maestro y modelo de vida.

Aprended a llamar blanco a lo blanco y negro a lo negro; mal al mal y bien al bien.
Aprended a llamar pecado al pecado»
 (Beato Juan Pablo II)

Primer mandamiento de la Ley de Dios
-¿He dudado o negado las verdades de la  fe católica?
-¿He practicado la superstición o el  espiritismo?
-¿Me he acercado indignamente a recibir  algún sacramento?

Segundo mandamiento
-¿He blasfemado?  ¿He jurado sin  necesidad o sin verdad?
-¿He jurado hacer algún mal? ¿He reparado el daño que haya podido seguirse?
-¿He dejado de cumplir algún voto o  promesa grave?

Tercer mandamiento
-¿He faltado a Misa los domingos o fiestas  de precepto?
-¿He vivido el ayuno y la abstinencia el  Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo?
-¿He realizado un acto de penitencia u otro  acto piadoso, si no he guardado la  abstinencia los viernes?
-¿He callado en la confesión por vergüenza algún pecado grave?

Cuarto mandamiento
-¿Soy amable con los demás? ¿Me falta  comprensión, paciencia y cariño en la vida  de familia?
-¿Me dejo llevar por el mal genio y me enfado con frecuencia sin motivo justificado?
-¿Soy egoísta y trato de imponer siempre  mis gustos y caprichos?

Hijos:
-¿He desobedecido a mis padres o familiares  en cosas importantes?
-¿Manifiesto, con hechos, respeto y cariño a  mis padres y familiares?
-¿Me he sentido responsable ante mis padres del esfuerzo que hacen para que yo me forme, estudiando y cumpliendo mis deberes con intensidad?
-¿Peleo con mis hermanos? ¿Me reconcilio  con ellos con prontitud?
-¿Soy egoísta con las cosas que tengo y me  duele dejárselas a mis hermanos?

Padres:
-¿Corrijo los defectos de mis hijos con firmeza  o se los dejo pasar por comodidad?
-¿He corregido a mis hijos con justicia y por  amor o me dejo llevar por motivos egoístas: porque  me molestan, porque me interrumpen, etc.?
-¿He dado mal ejemplo a mis hijos no  cumpliendo con mis deberes religiosos, familiares  o profesionales? ¿Los he entristecido con mi  conducía?
-¿Me he preocupado de la formación religiosa y moral de las personas que viven en mi casa o dependen de mí?
-¿He reñido con mi cónyuge? ¿Ha habido  malos tratos de palabra o de obras? ¿He  fortalecido su autoridad, evitando contradecirle o discutirle delante de mis hijos?

Quinto mandamiento
-¿He atentado contra mi vida o la de los demás?
-¿Tengo enemistad, odio o rencor contra alguien?
-¿He deseado un mal al prójimo? ¿Me he  alegrado de los males que le han ocurrido?
-¿Me he dejado dominar por la envidia?
-¿Me he dejado llevar por la ira? ¿He  causado con ello disgusto a otras personas?
-¿He hecho daño a otros de palabra o de obra?
-¿He practicado, aconsejado o facilitado  el grave crimen del aborto?
-¿Me he embriagado, comido o bebido con exceso o consumido drogas?
-¿He descuidado mi salud? ¿He manejado vehículos imprudentemente, poniendo en peligro mi vida o la de otros?
-¿He sido causa de que otros pequen por  mi conversación, mi modo de vestir, mi  asistencia a algún espectáculo o con el  préstamo de algún libro o revista? ¿He  tratado de reparar el escándalo?
-¿He descuidado mi trabajo, faltando a la  justicia en materia importante? ¿Estoy  dispuesto a reparar el daño que se haya  seguido?
-¿He sido perezoso en el cumplimiento de  mis deberes? ¿Retraso con frecuencia el  momento de ponerme a trabajar?

Sexto y noveno mandamientos
-¿He aceptado pensamientos o miradas impuras?
-¿He visto revistas o películas o he  asistido a espectáculos pornográficos que  desnaturalizan la dignidad del sexo y  lesionan gravemente la personalidad?
-¿He realizado actos impuros? ¿Solo o con otras personas? ¿De distinto o del mismo sexo?
-¿He negado su derecho al otro cónyuge?
-¿He usado indebidamente el matrimonio?
-¿Vivo la paternidad responsable y acepto la doctrina del Magisterio de la Iglesia o  utilizo medios desaconsejados por la Iglesia para evitar hijos?
-¿He cometido adulterio? ¿He faltado a la  fidelidad con pensamiento o de obra?

Séptimo y décimo mandamientos
-¿He tomado dinero o me he apropiado de cosas que no son mías? ¿He restituido o  reparado?
-¿He recibido comisiones indebidamente o me he enriquecido ilícitamente, es decir sin causa, o he participado en hechos de corrupción administrativa?
-¿He perjudicado a los demás con engaño, cobrando más de lo debido o con falta de honradez en los contratos o relaciones  comerciales?
-¿He evitado desde mi posición, en la  medida en que podía hacerlo, las injusticias, la corrupción, el fraude y demás abusos que  dañan el bien social?
-¿Estoy dispuesto a sufrir un perjuicio  personal o económico antes de cometer o  cooperar formalmente en una injusticia?
-¿Retribuyo con justicia el trabajo de los demás?
-¿He malgastado el dinero? ¿Doy limosna según mi posición?

Octavo mandamiento
-¿He dicho mentiras? ¿He reparado el daño que haya podido seguirse?
-¿He descubierto, sin justa causa; defectos graves de otras personas?
-¿He hablado mal de otros? ¿He calumniado?

Acto de contrición
Jesús, mi Señor y Redentor: yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón, porque con ellos ofendí a un Dios tan bueno.
Propongo firmemente no volver a pecar y confío en que, por tu infinita misericordia, me has de conceder el perdón de mis culpas y me has de llevar a la vida eterna. Amén.

martes, 10 de abril de 2012

Amor a Jesús Sacramentado

En Preparación del centenario de la primera Comunión de San Josemaría (23 abril)

Me explico tu afán de recibir a diario la Sagrada Eucaristía, porque quien se siente hijo de Dios tiene imperiosa necesidad de Cristo. (Forja 830)

¡Sé alma de Eucaristía!

—Si el centro de tus pensamientos y esperanzas está en el Sagrario, hijo, ¡qué abundantes los frutos de santidad y de apostolado! (Forja 835)

Me gusta llamar ¡cárcel de amor! al Sagrario.

—Desde hace veinte siglos, está El ahí... ¡voluntariamente encerrado!, por mí, y por todos. (Forja 827)

¿Saber que me quieres tanto, Dios mío, y... no me he vuelto loco? (Camino 425)

Jesús, tu locura de Amor me roba el corazón. Estás inerme y pequeño, para engrandecer a los que te comen. (Forja 825)

sábado, 3 de marzo de 2012

¿Es pecado ser rico? Ejemplos contrapuestos: el joven rico y José de Arimatea

Moral y economía. El dilema del camello y la aguja

Moral y economía. El dilema del camello y la aguja

Título: Negocios y moral. El dilema del camello y la aguja

Autor: Gregorio Guitián

Nº páginas: 152

Precio: 9 €

Tesis básica: ni Jesús ni la Iglesia condenan las riquezas, sino la falta de desprendimiento. Según la visión cristiana, lo decisivo está en la actitud y la manera en que se generan y emplean los bienes materiales.

De ahí surge una dicotomía: por un lado, la abundancia es buena en el proyecto de Dios para la creación; por otro lado, el apegamiento a las riquezas impide ver y pelear por lo decisivo, que es la Vida eterna.

“Por el consumismo se pasa de servirse de los bienes a servir a los bienes”. Plantea una visión reduccionista y exclusivamente material de la realidad.

Las personas tenemos una serie de necesidades, y la economía no es más que la respuesta de la sociedad a ellas: la economía se aprovecha de los recursos disponibles para cubrir esas necesidades. Resumiendo: trata de producir los bienes y servicios indispensables para lograr riqueza y distribuirlos de la mejor manera posible.

Eso explica que hablemos de dos términos: eficiencia, que es conseguir los mejores resultados con los menores costes posibles; y productividad, que se refiere a la cantidad de resultados logrados en una cantidad concreta de tiempo.

Las personas consumimos bienes y servicios facilitados por las empresas.

La economía es muy compleja, y por eso la riqueza del mundo está repartida tan desigualmente. No es una ciencia tan exacta como las matemáticas o la física: trata temas relativos al comportamiento humano, que es libre y muy rico en matices.

Cita de Guitián, el autor: “Existe una verdadera deuda moral con respecto a esos millones de personas que no se bastan a sí mismos. Es claro que esos países necesitan urgentemente ser ayudados, pero con una ayuda (…) que prevea en su mismo diseño cómo suscitar el compromiso, la respuesta, la implicación y la responsabilidad de los beneficiarios para convertirlos (…) en verdaderos motores del desarrollo”.

Por eso, es desacertado plantear de modo extremista los problemas éticos que surgen en ella. No hay que incurrir en afirmaciones generalistas. Lo cual no significa que todo posicionamiento radical sea inválido.

O economía y ética no tienen nada que ver, o son incompatibles (cada una sigue su propio interés), o están destinadas a entrelazarse y nutrirse mutuamente. Ésas son las tres opciones que se barajan. Nos quedamos con la tercera opción. Un ejemplo: la conciliación del trabajo con la vida familiar. En una empresa importan, y mucho, los trabajadores y su bienestar.
Si la economía estudia comportamientos de personas para lograr que vivan más dignamente, se deduce que implica aspectos técnicos, pero también humanos.

El cristianismo ofrece una explicación de quién es el hombre, y en consecuencia un prototipo de comportamiento.

Por la Biblia sabemos que lo que Dios creó era bueno, pero que el de ahora, en el que vivimos, es imperfecto y estamos destinados a trabajar en él, a tratar de mejorarlo y a ser felices en él.

La Biblia arroja muchas ideas sobre cómo manejar las riquezas y los bienes materiales. Por ella sabemos que debemos rendir al máximo lo que tenemos (parábola de los talentos), dar limosna y ser caritativos en general, no poner el corazón en lo material (parábola del joven rico), vivir el desprendimiento (muchos ejemplos de sobriedad del propio Jesús), ganar el dinero justamente…

Y así lo ha explicado luego la Iglesia: los Padres de la Iglesia, la Escuela de Salamanca, el Catecismo y la Doctrina Social de la Iglesia. Ésta analiza la realidad económica, que está compuesta por principios, juicios y orientaciones. Los primeros están anclados en la fe; los segundos tienen un carácter moral; y las orientaciones son más vagas y sugestivas.

Ejemplos de principios: de subsidiaridad, de la dignidad personal, de solidaridad (en contra del individualismo) y de destino universal de los bienes.

¿Es el libre mercado malo? No, todo lo contrario: es bueno, pero sólo si en él se respeta la libertad humana y se actúa correctamente. El mercado necesita orientarse al bien común. No lo es todo, sino que necesita ser completado, porque hay realidades que se le escapan, como el amor o la cultura. En una palabra, tiene sus límites.

La empresa es algo positivo, porque en el fondo es la respuesta del hombre a la indicación de Dios de que trabajáramos y gobernáramos la tierra. A través de ella nos podemos dignificar. E igual de positivo y admisible es que persiga beneficios, porque en caso contrario no perdurará.

Y las finanzas, que vertebran la economía, son igual de importantes que ésta. Deben ser claras y transparentes y no especular. Cuanto más poder tiene una economía, más responsabilidad ostenta también.

¡E invertir no está mal! En la parábola de los talentos Jesús mismo dejó dicho: “negociad hasta mi vuelta”. Repetimos que todo depende de la intención y los medios que se emplean para buscar la máxima rentabilidad.

El fin de la empresa no son los beneficios, sino satisfacer a la comunidad de hombres que están en ella: sus necesidades fundamentales y las de la sociedad en la que viven.

La empresa debe contribuir realmente al servicio de la persona (las que no lo hacen son inmorales), servirse de medios honestos y justos y demostrar con hechos su responsabilidad social, la cual, por sí misma, no es garantía de calidad moral.

Video relacionado:

jueves, 22 de diciembre de 2011

La Navidad en los Santos Evangelios (2 de 3)


¿A qué se dedican los dos primeros capítulos de San Lucas y San Mateo?

A narrar algunos episodios de la infancia del Señor. Por esto suele llamarse Evangelio de la infancia de Jesús a esos capítulos iniciales.

Desde el principio se observa que Mateo y Lucas no narran los mismos sucesos, aunque sí los mismos hechos esenciales referidos a Jesús.

También el tono de los dos Evangelios es distinto: dramático, con sobresaltos, en Mateo; dominado por la alegría en Lucas.

¿Cuáles son las escenas centrales del Evangelio de Lucas?

La Anunciación a María y la Encarnación del Verbo cuando la Virgen acepta su vocación.(…)

Narra escuetamente el nacimiento de Jesús. y subraya dos detalles: el lugar del nacimiento, Belén, y la pobreza y desamparo materiales que lo acompañaron.

¿Qué datos interesantes hay en la genealogía de Jesucristo en Mateo?

En la Biblia las genealogías son algo más que una lista de ascendientes, un simple registro de estirpe: constatar su vinculación a una tribu, clan o familia que lo constituye como sujeto de derechos y obligaciones.

Asi las expresiones “engendró”, “hijo de”, pueden señalar una descendencia inmediata, o una mediata, omitiendo eslabones intermedios; también los nombres pueden tener sentido colectivo, y referirse a clanes o a tribus.

En la genealogía de Jesucristo la misma forma -”engendró”- sirve para enlazar cada eslabón de la genealogía hasta llegar a José. Pero en el v. 16 utiliza una palabra distinta -“nació”, literalmente “fue engendrado”- señala así la acción de Dios en la concepción virginal de Jesús. Jesús, siendo Hijo de Dios, es Hijo de David a través de José.

(cfr. Biblia Univ. de Navarra, tomo 5)

La Navidad en los Santos Evangelios (1 de 3)


San Mateo y San Lucas comienzan el Evangelio con la narración de algunos episodios referentes a nacimiento y a la infancia de Jesús; enseñan así que la Buena Noticia sobre Jesucristo incluye también –junto con su muerte y su resurrección, su enseñanza y su actividad pública– el anuncio de su estirpe humana, y la forma enteramente singular de su nacimiento como hombre, siendo el Hijo eterno de Dios (cfr.Jn 1, 14).

San Mateo –con el relato, y más explícitamente, con citas del Antiguo Testamento (1,23; 2,6.15.18.23)- muestra que Jesús es el Mesías descendiente de David, el Salvador en quien se han cumplido las promesas de Dios al antiguo pueblo de Israel.

Desde perspectivas diferentes, Mateo y Lucas recuerdan los mismos hechos esenciales: que Jesús es el nombre del Niño porque así lo indicó el ángel; que fue concebido por obra del Espíritu Santo en el seno de la Virgen María, desposada con San José, pero sin que Ella hubiese conocido varón; que nació en Belén de Judá, aunque después vivió en Nazaret, etc. Mateo narra los hechos fijándose especialmente en el cometido de San José; Lucas, centrándose en la Virgen.

San Mateo indica que José es quien recibe la explicación de la concepción virginal, quien acoge a su esposa, y quien pone el nombre al Niño (1, 18-25). Después de la marcha de los Magos, José es avisado para que tome al Niño y a su Madre y huya a Egipto. Muerto Herodes, de nuevo José recibe aviso del ángel para que vuelva a la tierra de Israel (2, 1-23).

“(…) Si es verdad que la Iglesia entera es deudora de la Virgen Madre por cuyo medio recibió a Cristo, después de María es San José a quien debe un agradecimiento y una veneración singular” (San Bernardino de Siena, Sermones 2)

(cfr. Biblia Univ. de Navarra, tomo 5)

viernes, 16 de diciembre de 2011

Mensaje Jornada Mundial de la paz 1 enero 2012

MENSAJE DE SU SANTIDAD
BENEDICTO XVI
PARA LA CELEBRACIÓN DE LA
XLV JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ
1 DE ENERO DE 2012

EDUCAR A LOS JÓVENES EN LA JUSTICIA Y LA PAZ


1. El comienzo de un Año nuevo, don de Dios a la humanidad, es una invitación a desear a todos, con mucha confianza y afecto, que este tiempo que tenemos por delante esté marcado por la justicia y la paz.

¿Con qué actitud debemos mirar el nuevo año? En el salmo 130 encontramos una imagen muy bella. El salmista dice que el hombre de fe aguarda al Señor «más que el centinela la aurora» (v. 6), lo aguarda con una sólida esperanza, porque sabe que traerá luz, misericordia, salvación. Esta espera nace de la experiencia del pueblo elegido, el cual reconoce que Dios lo ha educado para mirar el mundo en su verdad y a no dejarse abatir por las tribulaciones. Os invito a abrir el año 2012 con dicha actitud de confianza. Es verdad que en el año que termina ha aumentado el sentimiento de frustración por la crisis que agobia a la sociedad, al mundo del trabajo y la economía; una crisis cuyas raíces son sobre todo culturales y antropológicas. Parece como si un manto de oscuridad hubiera descendido sobre nuestro tiempo y no dejara ver con claridad la luz del día.

En esta oscuridad, sin embargo, el corazón del hombre no cesa de esperar la aurora de la que habla el salmista. Se percibe de manera especialmente viva y visible en los jóvenes, y por esa razón me dirijo a ellos teniendo en cuenta la aportación que pueden y deben ofrecer a la sociedad. Así pues, quisiera presentar el Mensaje para la XLV Jornada Mundial de la Paz en una perspectiva educativa: «Educar a los jóvenes en la justicia y la paz», convencido de que ellos, con su entusiasmo y su impulso hacia los ideales, pueden ofrecer al mundo una nueva esperanza.

Mi mensaje se dirige también a los padres, las familias y a todos los estamentos educativos y formativos, así como a los responsables en los distintos ámbitos de la vida religiosa, social, política, económica, cultural y de la comunicación. Prestar atención al mundo juvenil, saber escucharlo y valorarlo, no es sólo una oportunidad, sino un deber primario de toda la sociedad, para la construcción de un futuro de justicia y de paz.

Se ha de transmitir a los jóvenes el aprecio por el valor positivo de la vida, suscitando en ellos el deseo de gastarla al servicio del bien. Éste es un deber en el que todos estamos comprometidos en primera persona.

Las preocupaciones manifestadas en estos últimos tiempos por muchos jóvenes en diversas regiones del mundo expresan el deseo de mirar con fundada esperanza el futuro. En la actualidad, muchos son los aspectos que les preocupan: el deseo de recibir una formación que los prepare con más profundidad a afrontar la realidad, la dificultad de formar una familia y encontrar un puesto estable de trabajo, la capacidad efectiva de contribuir al mundo de la política, de la cultura y de la economía, para edificar una sociedad con un rostro más humano y solidario.

Es importante que estos fermentos, y el impulso idealista que contienen, encuentren la justa atención

en todos los sectores de la sociedad. La Iglesia mira a los jóvenes con esperanza, confía en ellos y los anima a buscar la verdad, a defender el bien común, a tener una perspectiva abierta sobre el mundo y ojos capaces de ver «cosas nuevas» (Is 42,9; 48,6).

Los responsables de la educación

2. La educación es la aventura más fascinante y difícil de la vida. Educar –que viene de educere en latín– significa conducir fuera de sí mismos para introducirlos en la realidad, hacia una plenitud que hace crecer a la persona. Ese proceso se nutre del encuentro de dos libertades, la del adulto y la del joven. Requiere la responsabilidad del discípulo, que ha de estar abierto a dejarse guiar al conocimiento de la realidad, y la del educador, que debe de estar dispuesto a darse a sí mismo. Por eso, los testigos auténticos, y no simples dispensadores de reglas o informaciones, son más necesarios que nunca; testigos que sepan ver más lejos que los demás, porque su vida abarca espacios más amplios. El testigo es el primero en vivir el camino que propone.

¿Cuáles son los lugares donde madura una verdadera educación en la paz y en la justicia? Ante todo la familia, puesto que los padres son los primeros educadores. La familia es la célula originaria de la sociedad. «En la familia es donde los hijos aprenden los valores humanos y cristianos que permiten una convivencia constructiva y pacífica. En la familia es donde se aprende la solidaridad entre las generaciones, el respeto de las reglas, el perdón y la acogida del otro»[1].Ella es la primera escuela donde se recibe educación para la justicia y la paz.

Vivimos en un mundo en el que la familia, y también la misma vida, se ven constantemente amenazadas y, a veces, destrozadas. Unas condiciones de trabajo a menudo poco conciliables con las responsabilidades familiares, la preocupación por el futuro, los ritmos de vida frenéticos, la emigración en busca de un sustento adecuado, cuando no de la simple supervivencia, acaban por hacer difícil la posibilidad de asegurar a los hijos uno de los bienes más preciosos: la presencia de los padres; una presencia que les permita cada vez más compartir el camino con ellos, para poder transmitirles esa experiencia y cúmulo de certezas que se adquieren con los años, y que sólo se pueden comunicar pasando juntos el tiempo. Deseo decir a los padres que no se desanimen. Que exhorten con el ejemplo de su vida a los hijos a que pongan la esperanza ante todo en Dios, el único del que mana justicia y paz auténtica.

Quisiera dirigirme también a los responsables de las instituciones dedicadas a la educación: que vigilen con gran sentido de responsabilidad para que se respete y valore en toda circunstancia la dignidad de cada persona. Que se preocupen de que cada joven pueda descubrir la propia vocación, acompañándolo mientras hace fructificar los dones que el Señor le ha concedido. Que aseguren a las familias que sus hijos puedan tener un camino formativo que no contraste con su conciencia y principios religiosos.

Que todo ambiente educativo sea un lugar de apertura al otro y a lo transcendente; lugar de diálogo, de cohesión y de escucha, en el que el joven se sienta valorado en sus propias potencialidades y riqueza interior, y aprenda a apreciar a los hermanos. Que enseñe a gustar la alegría que brota de vivir día a día la caridad y la compasión por el prójimo, y de participar activamente en la construcción de una sociedad más humana y fraterna.

Me dirijo también a los responsables políticos, pidiéndoles que ayuden concretamente a las familias e instituciones educativas a ejercer su derecho deber de educar. Nunca debe faltar una ayuda adecuada a la maternidad y a la paternidad. Que se esfuercen para que a nadie se le niegue el derecho a la instrucción y las familias puedan elegir libremente las estructuras educativas que consideren más idóneas para el bien de sus hijos. Que trabajen para favorecer el reagrupamiento de las familias divididas por la necesidad de encontrar medios de subsistencia. Ofrezcan a los jóvenes una imagen límpida de la política, como verdadero servicio al bien de todos.

No puedo dejar de hacer un llamamiento, además, al mundo de los medios, para que den su aportación educativa. En la sociedad actual, los medios de comunicación de masa tienen un papel particular: no sólo informan, sino que también forman el espíritu de sus destinatarios y, por tanto, pueden dar una aportación notable a la educación de los jóvenes. Es importante tener presente que los lazos entre educación y comunicación son muy estrechos: en efecto, la educación se produce mediante la comunicación, que influye positiva o negativamente en la formación de la persona.

También los jóvenes han de tener el valor de vivir ante todo ellos mismos lo que piden a quienes están en su entorno. Les corresponde una gran responsabilidad: que tengan la fuerza de usar bien y conscientemente la libertad. También ellos son responsables de la propia educación y formación en la justicia y la paz.

Educar en la verdad y en la libertad

3. San Agustín se preguntaba: «Quid enim fortius desiderat anima quam veritatem? - ¿Ama algo el alma con más ardor que la verdad?»[2]. El rostro humano de una sociedad depende mucho de la contribución de la educación a mantener viva esa cuestión insoslayable. En efecto, la educación persigue la formación integral de la persona, incluida la dimensión moral y espiritual del ser, con vistas a su fin último y al bien de la sociedad de la que es miembro. Por eso, para educar en la verdad es necesario saber sobre todo quién es la persona humana, conocer su naturaleza. Contemplando la realidad que lo rodea, el salmista reflexiona: «Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado. ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano, para que de él te cuides?» (Sal 8,4-5). Ésta es la cuestión fundamental que hay que plantearse: ¿Quién es el hombre? El hombre es un ser que alberga en su corazón una sed de infinito, una sed de verdad –no parcial, sino capaz de explicar el sentido de la vida– porque ha sido creado a imagen y semejanza de Dios. Así pues, reconocer con gratitud la vida como un don inestimable lleva a descubrir la propia dignidad profunda y la inviolabilidad de toda persona. Por eso, la primera educación consiste en aprender a reconocer en el hombre la imagen del Creador y, por consiguiente, a tener un profundo respeto por cada ser humano y ayudar a los otros a llevar una vida conforme a esta altísima dignidad. Nunca podemos olvidar que «el auténtico desarrollo del hombre concierne de manera unitaria a la totalidad de la persona en todas sus dimensiones»[3],incluida la trascendente, y que no se puede sacrificar a la persona para obtener un bien particular, ya sea económico o social, individual o colectivo.

Sólo en la relación con Dios comprende también el hombre el significado de la propia libertad. Y es cometido de la educación el formar en la auténtica libertad. Ésta no es la ausencia de vínculos o el dominio del libre albedrío, no es el absolutismo del yo. El hombre que cree ser absoluto, no depender de nada ni de nadie, que puede hacer todo lo que se le antoja, termina por contradecir la verdad del propio ser, perdiendo su libertad. Por el contrario, el hombre es un ser relacional, que vive en relación con los otros y, sobre todo, con Dios. La auténtica libertad nunca se puede alcanzar alejándose de Él.

La libertad es un valor precioso, pero delicado; se la puede entender y usar mal. «En la actualidad, un obstáculo particularmente insidioso para la obra educativa es la masiva presencia, en nuestra sociedad y cultura, del relativismo que, al no reconocer nada como definitivo, deja como última medida sólo el propio yo con sus caprichos; y, bajo la apariencia de la libertad, se transforma para cada uno en una prisión, porque separa al uno del otro, dejando a cada uno encerrado dentro de su propio “yo”. Por consiguiente, dentro de ese horizonte relativista no es posible una auténtica educación, pues sin la luz de la verdad, antes o después, toda persona queda condenada a dudar de la bondad de su misma vida y de las relaciones que la constituyen, de la validez de su esfuerzo por construir con los demás algo en común»[4].

Para ejercer su libertad, el hombre debe superar por tanto el horizonte del relativismo y conocer la verdad sobre sí mismo y sobre el bien y el mal. En lo más íntimo de la conciencia el hombre descubre una ley que él no se da a sí mismo, sino a la que debe obedecer y cuya voz lo llama a amar, a hacer el bien y huir del mal, a asumir la responsabilidad del bien que ha hecho y del mal que ha cometido[5].Por eso, el ejercicio de la libertad está íntimamente relacionado con la ley moral natural, que tiene un carácter universal, expresa la dignidad de toda persona, sienta la base de sus derechos y deberes fundamentales, y, por tanto, en último análisis, de la convivencia justa y pacífica entre las personas.

El uso recto de la libertad es, pues, central en la promoción de la justicia y la paz, que requieren el respeto hacia uno mismo y hacia el otro, aunque se distancie de la propia forma de ser y vivir. De esa actitud brotan los elementos sin los cuales la paz y la justicia se quedan en palabras sin contenido: la confianza recíproca, la capacidad de entablar un diálogo constructivo, la posibilidad del perdón, que tantas veces se quisiera obtener pero que cuesta conceder, la caridad recíproca, la compasión hacia los más débiles, así como la disponibilidad para el sacrificio.

Educar en la justicia

4. En nuestro mundo, en el que el valor de la persona, de su dignidad y de sus derechos, más allá de las declaraciones de intenciones, está seriamente amenazo por la extendida tendencia a recurrir exclusivamente a los criterios de utilidad, del beneficio y del tener, es importante no separar el concepto de justicia de sus raíces transcendentes. La justicia, en efecto, no es una simple convención humana, ya que lo que es justo no está determinado originariamente por la ley positiva, sino por la identidad profunda del ser humano. La visión integral del hombre es lo que permite no caer en una concepción contractualista de la justicia y abrir también para ella el horizonte de la solidaridad y del amor[6].

No podemos ignorar que ciertas corrientes de la cultura moderna, sostenida por principios económicos racionalistas e individualistas, han sustraído al concepto de justicia sus raíces transcendentes, separándolo de la caridad y la solidaridad: «La “ciudad del hombre” no se promueve sólo con relaciones de derechos y deberes sino, antes y más aún, con relaciones de gratuidad, de misericordia y de comunión. La caridad manifiesta siempre el amor de Dios también en las relaciones humanas, otorgando valor teologal y salvífico a todo compromiso por la justicia en el mundo»[7].

«Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados» (Mt 5,6). Serán saciados porque tienen hambre y sed de relaciones rectas con Dios, consigo mismos, con sus hermanos y hermanas, y con toda la creación.

Educar en la paz

5. «La paz no es sólo ausencia de guerra y no se limita a asegurar el equilibrio de fuerzas adversas. La paz no puede alcanzarse en la tierra sin la salvaguardia de los bienes de las personas, la libre comunicación entre los seres humanos, el respeto de la dignidad de las personas y de los pueblos, la práctica asidua de la fraternidad»[8].La paz es fruto de la justicia y efecto de la caridad. Y es ante todo don de Dios. Los cristianos creemos que Cristo es nuestra verdadera paz: en Él, en su cruz, Dios ha reconciliado consigo al mundo y ha destruido las barreras que nos separaban a unos de otros (cf. Ef 2,14-18); en Él, hay una única familia reconciliada en el amor.

Pero la paz no es sólo un don que se recibe, sino también una obra que se ha de construir. Para ser verdaderamente constructores de la paz, debemos ser educados en la compasión, la solidaridad, la colaboración, la fraternidad; hemos de ser activos dentro de las comunidades y atentos a despertar las consciencias sobre las cuestiones nacionales e internacionales, así como sobre la importancia de buscar modos adecuados de redistribución de la riqueza, de promoción del crecimiento, de la cooperación al desarrollo y de la resolución de los conflictos. «Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios», dice Jesús en el Sermón de la Montaña (Mt 5,9).

La paz para todos nace de la justicia de cada uno y ninguno puede eludir este compromiso esencial de promover la justicia, según las propias competencias y responsabilidades. Invito de modo particular a los jóvenes, que mantienen siempre viva la tensión hacia los ideales, a tener la paciencia y constancia de buscar la justicia y la paz, de cultivar el gusto por lo que es justo y verdadero, aun cuando esto pueda comportar sacrificio e ir contracorriente.

Levantar los ojos a Dios

6. Ante el difícil desafío que supone recorrer la vía de la justicia y de la paz, podemos sentirnos tentados de preguntarnos como el salmista: «Levanto mis ojos a los montes: ¿de dónde me vendrá el auxilio?» (Sal 121,1).

Deseo decir con fuerza a todos, y particularmente a los jóvenes: «No son las ideologías las que salvan el mundo, sino sólo dirigir la mirada al Dios viviente, que es nuestro creador, el garante de nuestra libertad, el garante de lo que es realmente bueno y auténtico [...], mirar a Dios, que es la medida de lo que es justo y, al mismo tiempo, es el amor eterno.

Y ¿qué puede salvarnos sino el amor?»[9]. El amor se complace en la verdad, es la fuerza que nos hace capaces de comprometernos con la verdad, la justicia, la paz, porque todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta (cf. 1 Co 13,1-13).

Queridos jóvenes, vosotros sois un don precioso para la sociedad. No os dejéis vencer por el desánimo ante las dificultades y no os entreguéis a las falsas soluciones, que con frecuencia se presentan como el camino más fácil para superar los problemas. No tengáis miedo de comprometeros, de hacer frente al esfuerzo y al sacrificio, de elegir los caminos que requieren fidelidad y constancia, humildad y dedicación. Vivid con confianza vuestra juventud y esos profundos deseos de felicidad, verdad, belleza y amor verdadero que experimentáis. Vivid con intensidad esta etapa de vuestra vida tan rica y llena de entusiasmo.

Sed conscientes de que vosotros sois un ejemplo y estímulo para los adultos, y lo seréis cuanto más os esforcéis por superar las injusticias y la corrupción, cuanto más deseéis un futuro mejor y os comprometáis en construirlo. Sed conscientes de vuestras capacidades y nunca os encerréis en vosotros mismos, sino sabed trabajar por un futuro más luminoso para todos. Nunca estáis solos. La Iglesia confía en vosotros, os sigue, os anima y desea ofreceros lo que tiene de más valor: la posibilidad de levantar los ojos hacia Dios, de encontrar a Jesucristo, Aquel que es la justicia y la paz.

A todos vosotros, hombres y mujeres preocupados por la causa de la paz. La paz no es un bien ya logrado, sino una meta a la que todos debemos aspirar. Miremos con mayor esperanza al futuro, animémonos mutuamente en nuestro camino, trabajemos para dar a nuestro mundo un rostro más humano y fraterno y sintámonos unidos en la responsabilidad respecto a las jóvenes generaciones de hoy y del mañana, particularmente en educarlas a ser pacíficas y artífices de paz. Consciente de todo ello, os envío estas reflexiones y os dirijo un llamamiento: unamos nuestras fuerzas espirituales, morales y materiales para «educar a los jóvenes en la justicia y la paz».

Vaticano, 8 de diciembre de 2011

BENEDICTUS PP XVI

Notas
[1] Discurso a los Administradores de la Región del Lacio, del Ayuntamiento y de la Provincia de Roma, (14 enero 2011), L’Osservatore Romano, ed. en lengua española (23 enero 2011), 3.
[2] Comentario al Evangelio de S. Juan, 26,5.
[3] Carta enc. Ca ritas in veritate (29 junio 2009), 11: AAS 101 (2009), 648; cf. Pablo VI, Carta enc. Populorum progressio (26 marzo 1967), 14: AAS 59 (1967), 264.
[4] Discurso en la ceremonia de apertura de la Asamblea eclesial de la diócesis de Roma (6 junio 2005): AAS 97 (2005), 816.
[5] Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 16.
[6]Cf. Discurso en el Bundestag (Berlín, 22 septiembre 2011): L’Osservatore Romano, ed. en lengua española (25 septiembre 2011), 6-7.
[7] Carta enc. Caritas in veritate (29 junio 2009), 6: AAS 101 (2009), 644-645.
[8] Catecismo de la Iglesia Católica, 2304.
[9] Vigilia de oración con los jóvenes (Colonia, 20 agosto 2005): AAS 97 (2005), 885-886.
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